El tipo de la moto

Biker on a motorcycle

No importa que tan fría, lluviosa, oscura o solitaria se vea una noche, el tipo de la moto siempre pasa por una calle que da a la parte de atrás de mi casa, una calle que no puedo ver en su totalidad porque está parcialmente tapada por casas, sus patios, árboles de papaya y mango, ardillas, mariposas, colibríes, enredaderas, iguanas y pájaros dormidos, entrelazados todos en esa naturaleza imponente que en cualquier parte le gana a la ciudad en Costa Rica. Sin embargo, no puede tapar el sonido ronco de la moto que entra a sus anchas por las dos ventanas que mi cuarto tiene hacia esa dirección.

Es una moto de motor cuatro tiempos, soy escritor pero no soy solo eso, como nadie, como todos, y puedo hacer esa elemental discriminación del mundo de la mecánica. El sonido más pastoso, rítmico y pesado del motor de una moto de 4 tiempos es inconfundible. Lo escucho desde atrás, como viniendo de un fondo, del fondo mismo de la noche supongo. Lo siento  avanzar hasta hacerse tan presente como algo material entre nosotros, que estamos en el cuarto, intentando dormir a Julia. A esa hora Julia lucha por conciliar el sueño y no importa cuan despierta o dormida esté, siempre abre sobresaltada su par de ojazos azules cuando escucha el sonido del tipo de la moto.

¿Y si es mujer?,  me  pregunté una noche aterrado por mi sesgo. No me lo creo, tiene esas regularidades y sobresaltos tan propios de un hombre. Noches de aceleración eufórica, noches de capa caída, la misma hora de animal prehistórico siempre.

Tiene un trabajo estable y rutinario de seguro el tipo de la moto. No falla, alrededor de las 11:30, lo que es muy tarde para los trópicos donde oscurece invariablemente a las 5:30. Es tan regular que a veces creo poder escucharlo antes de llegar.

No he soñado con él, cosa que lamento, aunque tal vez no he necesitado hacerlo porque tengo mil imágenes recortadas de las noches que lo escucho pasar. Un tipo duro, con la cara maltratada por el viento, un tipo enclenque encapuchado en mil abrigos, un muchacho inocente y trabajador, un joven estudiante…

Una noche estaba durmiendo a Julia y el sonido de la moto hizo que me acordara de los hombres de la basura que escuchaba a las 3 de la mañana en los insomnios de mi verano en Madrid. El tipo de la moto, en cambio, es una marca de mi noctambulidad en San José. Nada más que ahora tengo una hija y estoy intentando dormir y ya no quedarme en vela para pescar las ideas raras de la noche.

Sin embargo, he llegado a pensar en salir una noche y apostarme detrás de los árboles de la esquina para verlo,  una idea que pendula desde el extremo de una lucidez pretenciosa al de la máxima estupidez de mi cabeza. ¿Debería hacerlo?

Hoy es viernes y a Julia le cuesta reconocer que tiene sueño y debe dormir; mal lo pienso, es que ni siquiera ella sabe que eso es lo que le pasa, ni siquiera lo sabemos muchas veces los adultos, como yo en mis temporadas de insomnio.

El tipo de la moto ha pasado con un leve retraso, aunque dentro del rango, 11:40, con bastantes bríos ya que la semana se termina, y por eso tal vez también me ha hecho reflexionar, me ha hecho pensar en que él es esa barrera imaginaria que separa la vigilia del sueño, ese ronroneo que apenas va llegando pasa, y me ha hecho pensar en que todo esto no es sobre una moto, ni sobre un sonido medio incomprensible y molesto, ni sobre un tipo; aunque sí tiene algo de motociclistico, de cíclico, de recurrente, de funcionamiento circular.

Escuchen, ahí está pasando otra vez, me parece que en sentido inverso. No estoy seguro, es que nunca lo había escuchado regresar. Bueno, se habrá olvidado algo el tipo de la moto.

 

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